Yo creo que todos soñamos con volar, pero pocos tienen la suerte de hacerlo. El hombre busca mil formas de imitar a los pajaros con el fin de alcanzar el sol (como en la leyenda de Icaro). Es raro que un ser humano nunca haya soñado con volar, aún sin estar lo mas cerca de hacer de su sueño realidad.
Creo que así me pasó a mi una vez. Como guia de pesca nunca me imaginé que terminaría volando más que un cóndor en los andes patagonicos. Esto fue debido a que la operación en que trabajé esta temporada tiene uno de los helicópteros más inquietos del sur de Chile.
Es increible volar sobre cráteres dormidos, volcánes activos con sus respectivas fumarolas, lagunas, murallones de granito interminables y cerros de lengas y alerces que sorprenden con sus caídas de agua de cientos de metros. El vuelo que nunca olvidaré es el que comienza en una cascada y dónde se sigue agilmente el cañon hasta llegar al mar, cruzando bosques y caidas de agua con soltura y gran velocidad.
En fin... todo lo que soñamos puede volverse realidad y dónde menos nos imaginemos nos podremos encontrar con esas imágenes que reservamos al mundo de la fantasía.
Doy mil gracias a la divinidad por entregarme el Sueño de las Libélulas
Chaltumay!

















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