Los símblolos son parte de nuestro diario vivir en un plano muchas veces oculto por algunas convicciones ordinarias... cuando me refiero a un "mundo ordinario" me refiero a un plano o una dimensión muchas veces considerada falsamente neutra o muerta, pero que cuando despertamos los sentidos con el uso del lenguaje (o de los simbolos) algunos lugares y momentos cobran vida en sentimientos, colores, emociones y palabras conectadas entre sí de una forma muy real, creando un nuevo mundo. Este puede ser el motor del afanoso trabajo de escribir.
Julio Cortazar es uno de los escritores que más despiertan mi atención por haber desarrollado una cosmovisión casi anacrónica, a veces incomprendido en su lenguaje y en ocasiones catalogado de ser un duro racionalista, casi un cientifico en sus juegos de vínculos y espacios temporales. El desarrollo de la internet y los hipervinculos solo podía estar en nuestra ciencia-ficción del ayer. Cortazar narró sus historias a una cutura que muy refinadamente entendía lo que había detrás de esos viajes del obvservador por el tiempo y el espacio.

El ser humano destrás de esos libros nos cambia un poco la visión; es un escritor muy sensible, un buscador de realidades, un cazador de momentos. Así Cortazar es un riguroso traductor de la realidad, la traduce a un plano dónde el observador pasa a ser el obvservado y dónde el mismo se ve observado en un contexto de otras vidas y otros mundos corriendo como el Siena por París. ¿Es Cotázar un guía de turismo? Definitivamente el mejor... ya que con su interpretación del mundo, con su lenguaje, se puede experimentar ese espacio único y sublime que todos buscamos a lo largo de nuestras vidas y en nuestros viajes por el mundo.














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